“El régimen laboral de la maquila estableció la atmósfera propicia para la devaluación humana. Trabajador, mujer, joven se hicieron objeto desechable. Nunca la víctima es hija, esposa, hermana, amante de alcalde, legislador, comisario, juez, empresario. Siempre pobres, siempre jóvenes, nunca con poder. ¿Qué hace posible que una tragedia se extienda por veinticinco años? El beneficio que alguien recibe a cambio”.
Es en este choque – el choque entre el crimen organizado, la explotación capitalista y la impunidad gubernamental – que surge la violencia fronteriza.
Estos procesos, sin embargo, no se limitan a la frontera. La explotación y la desigualdad socioeconómica ha caracterizado la economía latinoamericana desde tiempos coloniales y, con el desarrollo del capitalismo y luego el neoliberalismo, esta desigualdad se ha hecho cada vez más marcada. Estos sistemas también han causado altos niveles de violencia. En el caso de Guatemala el genocidio maya se debio en parte a los intereses materiales del gobierno Estadounidense y los inversionistas que representaban; este patron se repite a lo largo del continente desde los años 60s hasta los años 90.