Itinerarios coreográficos: Pilar Medina

Introducción

Mestiza es la condición en que Pilar Medina se ha identificado desde que creó su primera coreografía, cuando se liberó del vestido de lunares y del chongo con claveles, signos de la ejecutante que fue de una danza de acento étnico. Esta ruptura, con sus exigencias, costos y recompensas, la ha rememorado en incontables ocasiones. (Véase Semblanza).

Mestizo es el presente ensayo: “no deja de oscilar en un modo de conocimiento vibratorio entre lo subjetivo y lo objetivo, lo real y la ficción, los humores y las ideas, la afectividad y la racionalidad”. Oscila también entre un adentro y un afuera difíciles de deslindar rigurosamente pues, en sentido estricto, ¿qué es aquello “sobre Bá-si-co” y qué no? Pregunta gemela de una que nos planteamos cuando la vimos por primera vez, a mediados de 2013: ¿dónde empieza y dónde termina Bá-si-co? ¿Cuándo estuvimos “adentro” y cuándo “afuera”?

Tocas el timbre de un edificio, que es donde vive Pilar, que es la habitante y por lo mismo anfitriona, es la creadora, la intérprete, y luego más anfitriona aún, porque te ofrecerá bebidas y postres preparados por ella misma. Entras por un pasillo a un garaje, otro pasillo te conduce a su estudio y allí hay doce sillas que hacen de butacas pero no lo son ni ocupan un espacio diseñado para ese propósito, y miras el performance y además te miras en el espejo pero no hay manera de mirar una parte del performance más que reflejada en el mismo espejo… donde estás tú y otros que miran. Y así todos nos miramos contra todos. Nada de oscuridad protectora. Y tú, no eres un espectador sino un visitante-espectador/partícipe sin cuarta pared-convidado-contertulio. Tertuliana Pilar también, y la conversación es como si no estuviéramos en un espacio de performance (¿o sí estaremos, la función sigue, o ya salimos?), porque ella es tu amiga es tu compañera es tu vecina o tu parienta o tu clienta. Y a lo mejor hablamos de Bá-si-co o a lo mejor no, porque la curiosidad de siempre (¿qué es lo básico para ti?) quién sabe en qué pláticas derive. O puede ser que todo lo que se diga en ese cubo que se pliega y despliega en espacios reales, escénicos, simbólicos, sí sea hablar de Bá-si-co.

Insiste Pilar en que sus básicos son espacios íntimos, aunque no dejan de ser exteriores: el Sol, la Casa, el Jardín, el Mar. ¿Y el estudio, el baño, el lobby, los pasillos, la calle? ¿Hay una relación de continuidad afuera-adentro o es inútil el intento de localizar qué queda dónde o si uno muta en otro y en otro? Extimidad entonces: lo más íntimo se encuentra en el exterior. Extimidad de Bá-si-co que vamos bordeando aquí, entre fronteras lábiles, porque resultaron irrefrenables las asociaciones a propósito de otras cosas.

El objetivo era formular lo básico sobre la pieza, en el entendido de que el material y las distintas formas de registro a las que tuvimos acceso o produjimos ex profeso ya procuraban decirlo. De hecho, nuestra primera idea sobre este ensayo estuvo inscrita en la oralidad de las conversaciones que mantuvimos con Pilar Medina, que giraron alrededor de guiones y reflexiones muy concretos: sería un ensayo-video para mirar y escuchar. Luego, la revisión de esas conversaciones fue originando huecos, dudas y titubeos, que fuimos circundando con breves pláticas sobre asuntos particulares y con intercambios de correos a punto del término de nuestro trayecto.

Por este proceder de idas y vueltas se fue esclareciendo la complejidad de lo básico que aspirábamos a transmitir. Por ello, nuestro ensayo oscila también en su materialidad: entre la escritura y otras formas de expresión. Escribimos y nos fugamos del orden de la composición textual según creímos que una imagen, unos sonidos, el performance de un músico, pasajes de conversaciones o fragmentos de vídeos serían más elocuentes. En parte escrito y en parte formado por otros modos de expresión y mostración (cuya calidad está lejos de ser “ilustrativa”), no traza una ruta que el lector-observador-navegante esté obligado a transitar. Construimos un conjunto de entradas que son precisamente eso: accesos para explorar indistintamente, sin trámite ni visa. El índice da la pauta: no se deriva de la progresión de un pensamiento sino del simple orden alfabético. Puede comenzarse por lo que parece un principio (la letra E) o quizá se prefiera el aparente final (la Z). Se comienza y se termina cuando y por donde se quiera, sin la sensación de haber abandonado un libro “a medias”. Cada entrada es “autosuficiente”, procuramos que se sostenga por sí misma; sin embargo, sus bordes con las demás, con lo externo y con lo interno, están diluidos. No hay, por tanto, “Conclusiones” ni “A manera de cierre”; nada de eso. A fin de cuentas, nuestra consigna era que este ensayo, en su movilidad y libertad, siguiera los pasos de la pieza coreográfica que le da su razón de ser.

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